En Rapa Nui Previene se abordó el programa Escuela Preparada ante Incendios Forestales, explicando cómo escuelas, jardines infantiles, familias y estudiantes pueden reconocer vulnerabilidades, organizarse y adoptar medidas concretas antes de una emergencia.

Prepararse antes de la emergencia

Una escuela preparada es mucho más que un establecimiento que ha recibido una charla sobre incendios forestales. El programa propone una metodología que permite a cada comunidad educativa observar su propio entorno, identificar peligros y vulnerabilidades y organizar acciones de prevención.

Esto implica revisar las condiciones del establecimiento, mantener zonas y accesos identificados, conversar previamente las rutas y procedimientos e involucrar a directivos, docentes, asistentes, estudiantes, familias y comunidad cercana.

Mirar la escuela desde adentro hacia afuera

Uno de los elementos centrales abordados durante el programa fue la revisión del establecimiento por zonas, comenzando desde la estructura y ampliando progresivamente la mirada hacia su entorno.

No se trata solamente de observar las salas. Techos y canaletas con hojas secas, pasto alto, ramas próximas a las construcciones, materiales combustibles, accesos obstruidos o caminos que dificulten el ingreso de vehículos de emergencia también forman parte del diagnóstico.

ZONA 1 · 0–2 m
Limpieza intensiva
Mantener techos y canaletas limpios, retirar vegetación seca y mantener el pasto bajo.

ZONA 2 · hasta 10 m
Protección de la escuela
Reducir la continuidad de la vegetación y evitar que el fuego encuentre un camino hacia las construcciones.

ZONA 3 · hasta 30 m
Espacio defendible
Mantener accesos despejados, ordenar materiales combustibles y facilitar el ingreso de equipos de emergencia.

ZONA 4 · hasta 60 m
Interfaz
Observar la relación entre el establecimiento, la vegetación y la comunidad que lo rodea.

Del diagnóstico a las acciones concretas

Identificar una vulnerabilidad es solo el primer paso. La propuesta es que cada establecimiento pueda construir un diagnóstico, reconocer zonas seguras y sectores que requieren intervención y transformar esa información en un plan de acción.

Ese plan permite definir qué se hará, quién será responsable, cuándo se realizará y qué recursos serán necesarios. Entre las acciones mencionadas durante el programa se encuentran ordenar bodegas, revisar el almacenamiento de combustibles, señalizar zonas de seguridad, comprobar sistemas de aviso, actualizar el Plan Integral de Seguridad Escolar, realizar ejercicios o simulacros e informar previamente a las familias.

Las familias también forman parte de la prevención

La preparación de una escuela no depende únicamente de quienes trabajan dentro del establecimiento. Madres, padres y apoderados también necesitan conocer cómo actuará la comunidad educativa frente a una eventual emergencia.

Saber cuáles son las zonas de seguridad, cómo se comunicará una emergencia, qué rutas se utilizarán y qué procedimientos existen permite disminuir la confusión y favorece una respuesta más organizada.

Y los estudiantes también pueden participar desde la educación, la observación y el cuidado del entorno, sin ser expuestos a situaciones de peligro. El programa plantea actividades preventivas y ambientales que permiten convertir estos aprendizajes en acciones dentro de la comunidad educativa.

La prevención es un hábito, no un evento

Preparar un establecimiento no consiste en realizar una limpieza o actividad una sola vez. Las condiciones cambian: el pasto vuelve a crecer, las hojas se acumulan, pueden aparecer nuevas vulnerabilidades y también incorporarse nuevas familias o integrantes del personal.

Por eso, el seguimiento y la evaluación forman parte del proceso: revisar periódicamente las condiciones del entorno, comprobar si las acciones funcionaron e identificar nuevas vulnerabilidades permite que la prevención se mantenga en el tiempo y forme parte permanente de la seguridad de la comunidad educativa.

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